
A partir de aquí Márquez, se dedica a reflexionar sobre la vigencia de la memoria repasando, de forma no lineal, su vida si un recuerdo significa los mismo para todos los implicados, en que o como recordamos: imágenes, sonidos, colores. Brandes repasa sus demonios y el destino de sus conocidos. Todo ello aderezado por una parquedad narrativa encomiable y un sentido lírico ejemplar rodeada de un cierto halo de tristeza. Tristeza que ya estaba presente en L'ultim dia abans de demà novela posterior. Esta novela me ha recordado El pintor de batallas de Arturo Perez-Reverte, aunqué solo sea por ser dos pintores repasando su vida frente a un cuadro y tono narrativo parecido y esa huida de cualquier cosa que pueda parecer un best seller. Novela para degustar con el mínimo sonido ambiente y que en una sola tarde consigue convertirse en un recuerdo imborrable.
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