Su autor: Jordi Ojeda, uno de los más grandes divulgadores de cultura comiquera que tenemos en este país, profesor en el Tecnocampus y comisario en múltiples exposiciones de cómics y así mismo merecedor en 2017 del Premio Divulgación de la Historieta, que la dio la Asociación de Autores de Cómic de España. Y ahora en este libro nos trae una introducción a la historia del noveno arte.
En el libro encontramos la deficinición de lo que es un cómic. Y también una lucha por el prestigio del medio. El cómic en España ha sido menospreciado como algo solo para niños por ser una puerta de entrada a la lectura, ya que gracias a sus imágenes acompañadas de texto es una fuente inmejorable para entrar en el mundo de la literatura. El cómic, basado narrativamente en la elipsis, ayuda en nuestra educación a relacionar conceptos y acciones con sus causas y consecuencias. Mucha gente, pues, se olvida de ellos una vez entra en el mundo del libro. Pero otros sabemos que un cómic puede ser alta literatura o incluso mucho mejor que un bestseller al uso, equiparándolo a cualquier tipo de libro. El autor de este blog ha recibido el menosprecio, de gente que solo lee Marian Rojas, por leer cómics. Esto es debido a la indiferencia de los grupos masmedia, que le hacen poco o ningún caso, y solo hablan de ello cuando toca salón, dos veces al año: del cómic o del manga. Al menos en España, ya que en Francia gozan de absoluto prestigio. Indiferencia absurda si tenemos en cuenta que por el triángulo friki de Barcelona circulan miles de aficionados al día.
Los cómics son parte fundamental de la iconografia de un país. Porque si decimos Ásterix, Tintin, Mortadelo, Capitán América o Mafalda, todos realizamos la sinécdoque relacionándolos con su país. Cada país tiene sus referentes y los cómics son parte esencial de la educación sentimental de cada uno. No me equivoco si digo que todo buen lector tiene en su memoria una obra gráfica que lo marcó. Si ponen un cómic en su vida nunca le abandonará. Yo mismo pienso que de los casi mil libros que tengo en casa, podría deshacerme del 80%, pero de los cómics no. Los cómics son otra cosa, son arte narrativo, son arte pictórico y son arte secuencial.
El cómic puede ser fuente de aprenizaje, de comunicación, de creación o de terapia (cuanta gente no expresa sus emociones o traumas ocultos mendiante el dibujo) y también un motor indispensable de la contracultura.
El cómic debido a su rapidez de lectura y su fuerza expresiva ayuda a propagar ideas o historias a una velocidad que ningún libro alcanza. ¿Quieres conocer la historia de Jerusalem desde la prehistoria al actual genocidio de Palestina? Aquí tienes: Historia de Jerusalem de Victor Lemire y Christoperh Gaultier. ¿El horror de los campos de Exterminio? Maus de Art Spigelman. ¿Las viscitudes de la inmigración en Nueva York? Historias de un edifcio o Contrato con Dios de Will Eisner. ¿Aventuras en el nuevo mundo? Los pasajeros del viento de Bourgeon. ¿La vida de una familia de mediados del siglo XX hasta los 80? Los buenos veranos de Zidrou. ¿Lo que fue le franquismo en las casas de auxilio social? Paracuellos de Carlos Gimenez. ¿Quieres soñar y horrorizarte? Ves al futuro con Moebius. Si quieres terror échale un ojo a las adaptaciones al manga de Lovecraft dibujadas por Gou Tanabe o la obra de Junju Ito. Si quieres conocer los tópicos de los pueblos europeos: Ásterix. O una crónica de España desde los 50 hasta el primer cuarto de siglo XXI: Mortadelo y Filemón. Si quieres hacer memoria histórica: acude de forma irremediable a Paco Roca. Adentrarte en otras culturas: lee Manga. La temática de los cómics es infinita.
Jordi Ojeda nos narra los orígenes del Cómic en varios puntos cardinales: los USA, Europa, Japón y Argentina. En estos sitios se repite un mismo patrón: nacen en la premsa, pasan a crear revistas específicas y, al final, se recopilan en libros, en comic-books. Si usted quiere conocer el origen de la palabra viñeta; qué tuvo que ver Randolph Hearts (ciudadano kane) en su impulso; por qué dieron nombre a la premsa amarilla; cómo escandalizaron a nuestros mayores (que llegaron a hacer quemas públicas de ellos, inspirando a Bradbury); y finalmente, como los intentaron castrar y moralizar con el "Comics Code", que arruinó y desincentivó a miles de autores y editoriale; este es su libro.
Sobre los albores de las historietas y su persecución, desde aquí recomiendo: Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay de Michael Chabon. ¿No encuentran que libros que fueron fundamentales en su momento, veinte años después han desaparecido de la escena pública?
La historia del noveno arte es una historia política, ya que siempre han sido subversivos y sobre todo difundidores de ideas a gran escala. Y en este libro encontramos la historia trágica de Ostergeld, el autor de "El eternauta". Revisitamos los atendados que revistas como el Papus o Charlie Hebdo sufrieron por parte de la extrema derecha uno y el integrismo islámico el otro. O como relataron la paranoia del 11-S y con ello el intento de regresión democrática. Por todo ello, sabemos que el cómic incomoda.
Pero no solo de la política más directa vive el hombre. También encontraremos el origen de DC cómics y su legendaria rivalidad con Marvel, el acto fundacional del Manga y su conquista de occidente, o como el cómic franco-belga ha marcado a varias generaciones de europeos. También como los dibujantes de la península ibérica han experimentado un crecimiento, como su talento ha sido reconocido y han han dado el salto a EEUU, penetrando incluso en el mercado japónes. Los franceses han apadrinado a muchos de nuestros autores, que han sido admirados y publicados en el país galo antes que aquí.
Todo esto que os cuento (o casi) viene de esta obra. Léanla: habrán hecho una inmmersión rápida; si no leían cómics les picara el gusanillo; si son lectores habituales descubrirán cosas que nunca habían pensado, y si ya las sabían probablemente descubran alguna obra que aún no estaba en su radar. A mí, que considero que tengo un buen conocimiento del medio, me ha sorprendido, divertido y he encontrado una fuente de temas y obras a explorar. Me ha desmostrado que solo sé que no sé nada.

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