
La nueva novela de Don Winslow resulta una novela funcional, pero como ocurría en Salvajes, el narrador es su gran acierto, con unos recursos narrativos apabullantes y un tono entre irónico, mítico y desencantado fantástico, donde el texto goza de una enorme frescura. El estilo narrativo de Winslow es breve, conciso hecho con frases cortas, pero que dan una gran agilidad a la lectura. A veces duro y seco, otras de una extraña poesía en una mezcla entre James Ellroy y Cormack McCharty.
La novela gustará a todos aquellos que disfrutaron con Salvajes, ya que en ella se explica una historia enteramente nueva, donde el pasado contado en aquella no cuenta para esta. Winslow se ha convertido desde El poder del Perro en mi escritor de thrillers favorito -con permiso de Lehane- y esta impresión se ve reafirmada con cada novela suya que leo, y aunque su estilo se podría definir como palomitero, sus libros acaban calando por la solidez de las historias que narra.
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